Me gusta considerar la ciudad contemporánea como una estructura pedagógica estable, continua y consistente en la construcción de ciudadanía y urbanidad, donde la cultura y la educación son los ejes transversales del proyecto político. Utopía, pensaran algunos, otros vemos que algunas ciudades se encaminan a este ideario. Que se manifiesta, como observaremos, en sus intervenciones de regeneración urbanística, que revalorizan la ciudad; en el caso de Barcelona donde el museo está en la calle y los espacios prometen ser un buen recurso educativo. Sus esculturas no sólo consiguen simbolizar espacios, sino también regenerarlos y conectarlos al núcleo urbano, así como potenciar el uso social de los mismos. El ciudadano entiende, comprende y se compromete con su entorno y su patrimonio.
Esto en gran parte debemos de considerarlo desde un punto de vista de arquitectos, de la manera en la que proyectamos nuestras obras y que conjugan perfectamente con el resto de la ciudad o al menos el barrio.
PLANIFICAR PARA UN BIEN COMUN.
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